Consideraciones Éticas en la Consejería de Adicción

Los códigos de ética y estándares de práctica son establecidos por asociaciones profesionales tales como la Asociación Americana de Consejería (ACA) y la Asociación Nacional de Consejeros de Alcoholismo y Abuso de Drogas (NAADAC). Estos códigos definen los principios de conducta ética requeridos por la profesión. Además, los centros de tratamiento definen los requisitos para los empleados diseñados para asegurar un comportamiento ético consistente. Sin embargo, practicar como profesional también requiere juicio, toma de decisiones éticas, e introspección regular y aclaración de un código personal de ética.

El ayudante efectivo es aquel que tiene un sentido de conciencia de sí mismo, un enfoque de investigación, un deseo de esforzarse por la competencia, la objetividad emocional y las actitudes y valores de facilitación. El conocimiento de sí mismo se refiere a los consejeros que tienen una visión de quiénes son, lo que es importante para ellos, sus dones únicos, y las limitaciones que traen en una relación de ayuda. Desde una perspectiva de Doce Pasos, esto involucra un inventario personal regular (Alcohólicos Anónimos, Texto Básico, 1995). El consejero debe ser consciente de la diferencia de poder en la relación de consejero: paciente y "evitar acciones que buscan satisfacer necesidades personales a expensas de los clientes" (ACA, A.5)

Para ser eficaz, el consejero debe hacer un balance regular de sus actitudes y valores. Los empleados de centros de adicciones están obligados a proporcionar "prácticas justas y justas" ya tratar a todos los pacientes con "dignidad y respeto". Como miembro profesional de ACA y NAADAC, el consejero se compromete a "evitar imponer sus propios valores a los clientes" (ACA, A.5) y a "defender la objetividad y la integridad" (NAADAC, 2). Esto significa practicar la paciencia, la tolerancia y el respeto incondicional por cada cliente individual y ser conscientes de las opiniones personales, que en muchos casos son moldeadas por una experiencia cultural euroamericana, protestante, de clase media, tradicional y familiar.

Esto es especialmente importante ya que el asesoramiento está enraizado y refleja los valores dominantes de la sociedad en general, lo que refleja una cosmovisión principalmente eurocéntrica. Como resultado, el tratamiento tiene el potencial de representar la opresión cultural y causar daño a los clientes. En 1991, la Asociación de Consejería y Desarrollo Multicultural instó a la profesión de consejero a minimizar este riesgo mediante la adopción de normas éticas que fomentarían el desarrollo de competencias en el asesoramiento multicultural. El presente Código de Ética de la Asociación Nacional de Alcoholistas y Abuso de Drogas, estipula que el consejero no discriminará a los clientes por motivos de raza, religión, edad, género, discapacidad, ascendencia nacional, orientación sexual o condición económica (NAADAC, 2001). Mientras que la norma es clara, las competencias requeridas para cumplir con la expectativa son menos. La falta de claridad es ejemplificada por, y debido en parte, a la terminología inconsistente y confusa como culturalmente apropiada, multicultural, étnicamente sensible y la diversidad cultural. Se requiere una construcción unificadora para conceptualizar el problema a nivel individual y para identificar e implementar soluciones.

La relación terapéutica entre el cliente y el consejero de la adicción es especial basada en el respeto mutuo y la confianza. Ambas son mejoradas por la consistente atención del consejero a tales consideraciones éticas. Una violación ética puede destruir irrevocablemente la confianza. Dado que la adicción es una enfermedad potencialmente mortal, el pleno cumplimiento de todas las consideraciones éticas por parte del terapeuta o consejero se convierte en una cuestión de vida o muerte.